El cuaderno de bitácora oficia entonces como la memoria acumulada de las experiencias recibidas y producidas por cada estudiante a lo largo del desarrollo de la materia, permitiendo además a los docentes contar con un medio complementario y útil de evaluación del proceso de aprendizaje. Este conjunto heterogéneo de textos, colores, grafías, agrupamientos, etc., son señales de la impronta personal del estudiante, el resultado directo de su pensar, su estilo, su individualidad.
Esencialmente, el registro en el cuaderno le permite retrotraer los pasos en el desarrollo de una idea, revisarla y reflexionar sobre ella; le posibilita meditar sobre una trayectoria que ha realizado, ver el camino recorrido, analizar sus etapas, evaluar su pertinencia para volver a retomarlo, repetirlo o descartarlo e iniciar exploraciones en otras direcciones. En síntesis, aun de manera elemental y provisional, iniciar el primer intento de armar su propio mapa de la situación, ya que según Dewey: "El explorador, como el aprendiz, no sabe qué territorios ni qué aventuras encontrará en su viaje. Aun tiene que descubrir montañas, desiertos y manatiales, y padecer fiebre, hambre y otras aventuras. Finalmente, cuando regrese de su viaje, poseerá un conocimiento ganado con mucho esfuerzo del país que atravezó.
Entonces, y sólo entonces, podrá trazar un mapa de la región. Dar el mapa a otros es dar los resultados de una experiencia, no la experiencia gracias a la cual el mapa fue trazada".
Julio Valentino, Marlen de Vries
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